"Sofie" es un cuento, que aun no tienen un titulo final, así que el improvisado es este. Es un cuento que se sigue escribiendo día a día así que estaremos actualizando poco a poco.
También debo mencionar que para este proyecto hay una editora quien me ayuda con los problemas de redacción y/o gramática, a quién le agradezco mucho. Y ella es mi estimada Sol, tejedora de sueños en letras. De verdad le agradezco el apoyo que le ha dado a este proyecto.
Sin mas que decir, espero tengan una feliz lectura.
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Capítulo 1.
Y entonces te das cuenta que nada era acerca de él. Ni de su perfecta cabellera negra con abundante cabello, ni de sus labios tan delgados y delineados; tampoco de sus grandes ojos tan esperanzadores, ni de tus estúpidos deseos de ver los ensayos de su banda en la cochera... Nada de eso era real. Solo eran sueños.
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Ella era una chica alta, delgada y con larga cabellera de colores. Caminaba sola en los espacios pocos transitados, con mirada triste y perdida. Sus manos acariciaban el viento que provenía del norte, tan frío.
Sofie era la típica chica soñadora y solitaria que puedes encontrar en cualquier lado, hasta su personalidad hacía pensar que era otro cliché de tantas historias. Pero nada de eso era inventado. Realmente sufría por dentro, y no sufría por cualquier banalidad, sufría por su vida, y por lo tarde en que hubo tomado la decisión para ir a la universidad.
Pensaba que había tirado más de la mitad de su vida a la borda, que nada de lo que hiciera en el presente funcionaria para recuperarla. No obstante, se auto engañaba diciéndose que aun podía hacerlo, que todavía podía continuar con lo que tenía en las manos. Quizás fuera poco, pero podía continuar.
Sus sueños y su gran imaginación tejían futuros que ella era capaz de construir, aunque a veces estuvieran muy lejos de ser realidad. Sin embargo, esa era su manera de seguir adelante.
Un jueves como cualquiera, entre sus tantas idas y venidas por la ciudad de Londres, inmersa en su gran necedad de encontrar su futuro, se encontró con alguien que jamás había imaginado. Un chico con una guitarra, tocaba en las afueras de la estación Mile End, donde el flujo de personas era demasiado lento para la suerte de su arte. Sofie se preguntó, si la necesidad por ganar unas monedas de aquel sujeto era real o sólo era para gastarlo en cigarrillos y cervezas como solían hacer los jóvenes.
Se detuvo por un minuto a escuchar al muchacho de estilo emo, sus notas y acordes eran tan perfectos como aquellas canciones de Jake Bugg que tanto adoraba, los sonidos de esa guitarra entonces comenzaron a convertirse en pequeñas palpitaciones aceleradas. No dudó en reconocer la canción y estuvo en lo correcto, era la canción de su disco favorito.
Sofie se dio cuenta que no quería irse sin haber escuchado más de aquello. A pesar que vivía en la ciudad de la música, nunca tuvo los medios para asistir a conciertos de sus bandas favoritas. Por eso aquel acto, se estaba convirtiendo en un concierto personal. Muchas veces había imaginado un par de conciertos y como era la sensación de gastar todas tus energías en medio de un mundo de gente. Pero siempre se quedaba en eso. Sólo imaginación.
El chico de cabellos negros, poseía una cara perfectamente simétrica. Vestía unos vaqueros ajustados, una camisa y chaqueta de cuero negra. Todo su conjunto combinaba aunque fuera del mismo color. Sus botas, Dr. Martens, resaltaban un poco el color amarillo en los bordes cosidos, y quizás ese fuera todo el color que le pudiera dar a su personalidad.
Su agilidad en las manos para tocar la guitarra acústica no paraba.
Una tras otra, ejecutaba las canciones de su repertorio bien memorizado. Quizás en su viaje por tocar, no se había dado cuenta que tenía una fiel espectadora aplaudiendo cada que él terminaba una pieza.
Sofie había perdido el tiempo parada frente al chico, cantando suavemente sin que sus palabras fueran oídas por los demás. No se dio cuenta de que el reloj volaba. Tal vez no lo hubiera notado si no fuese porque el ruido de las personas, los tacones de las mujeres golpeando el suelo, el canto de las aves o los claxon de los coches, le recordaba que todo era real y vívido.
Bryan levantó la mirada al hacer una pausa y notar que el estuche de su guitarra tenía ya más monedas y billetes de diferente denominación que hacía una hora, sin llegar a ser exagerados. Después notó a esa chica frente a él y simplemente sonrió. Pero aquel gesto no fue de agrado, sino de cortesía. Tomó sus cosas como siempre y al fijarse en la hora del reloj, se dispuso a marchar.
Él no iba a ser grosero e hizo una reverencia para después colgarse el estuche y seguir con su camino. Sofie entonces recordó que tenía una reunión con sus amigas, y que ahora iba retrasada. 25 minutos perdidos escuchando aquel concierto personal le bastaron para llegar demasiado tarde… otra vez.
Al llegar al café y quitarse la bolsa colgada al hombro, tomó un asiento y se disculpó con sus amigas que se encontraban ya en media charla. Nada más tocar el asiento, todas sus amigas comenzaron a regañarla. Sofie tenía esa maña de llegar tarde siempre y, ahora que se estaba revindicando, había fallado tristemente.
—Lo… lo siento. –se disculpó Sofie con una breve sonrisa pícara-. No era mi intención, es solo…
—Es solo que siempre llegas tarde. Si consigues un empleo, seguramente te despedirán por llegar tarde siempre. –interrumpió Lauren, aprovechándose para burlarse de ella.
El cuarteto estalló e inundó en risas la cafetería donde mal gastaban su tiempo todas las tardes después de que las amigas de Sofie salían del trabajo. Sí, aunque fuera una tortura, Sofie era la única que no trabajaba. Sus malas decisiones la llevaron a que fuera la única de las cuatro que no tuviera un lugar productivo donde pasar el tiempo. Ella lo gastaba con sus pinturas, sus lápices y su música.
Esa era otra cosa de la cual Sofie se lamentaba.
Como a menudo sucedía, las tres o cuatro horas que destinaban para charlar y compartir sus devenires cotidianos, transcurrieron como un soplido de viento. Sofie no comentó el incidente ocurrido en la estación, de hecho, ni siquiera ella tuvo tiempo de recordarlo.
Así, las amigas se despidieron y quedaron para el siguiente día, una rutina que comenzaba a gestarse desde hacía un par de semanas y, al menos hasta ahora ninguna se veía inconforme con ello. Sofie y Alice se fueron juntas, tomaban el mismo trayecto.
—Alice… -dijo Sofie con cierto misterio-. Tú cuando sales de la estación Mile End… ¿te has encontrado a alguien?
—¿Alguien? ¿Qué tipo de alguien? –preguntó Alice confusa, no entendiendo por dónde iba el comentario-. ¿Conociste a alguien fuera de la estación?
—No, me refiero… a que siempre paso por allí y, ahora que lo pienso, no he visto músicos por aquí.
Mentía, sólo un poco para tener a salvo su secreto.
—Ah, yo tampoco, aunque el martes pasado cuando venía del trabajo, vi a un muchacho con una guitarra llegando a la estación. Pero supongo que se iba a encontrar con alguien. ¿Aún estás traumada con los músicos? Mira que no nos llevó a nada serio la vez pasada.
Alice sonrió con ese aire de sinceridad que siempre le brindaba a Sofie y, al mismo tiempo con preocupación.
—No, para nada… -soltó Sofie ocultando un leve rubor que le llegó a las mejillas cuando Alice confirmó su sospecha. Aquel chico era nuevo en esa estación, y era probable que se lo encontrase de nuevo. O era tal vez que ellas fueron las nuevas que llegaron a ese vecindario.
Recordó cómo habían dado con ese café tan privado e íntimo para ellas. Fue durante el rompimiento de Malorie, ese que se había propiciado por una infidelidad del chico del que ahora no podían ni mencionar el nombre. Y fue quizás cuando se volvieron más unidas.
Lauren, Alice y Malorie lo eran todo para Sofie, ella pensaba que no necesitaba más personas en su vida en esos momentos. O al menos, en ese instante era lo que creía.
Fin.
Y he allí, el primer capitulo de esta pequeña historia. Espero que les guste la trama, estoy planeando actualizar en este sitio todos los viernes.
¡Muchas gracias por leer!


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